
Santi Santamaría vuelve a la carga. Si hace un año la polémica se desató con sus críticas a la comida molecular y sus acusaciones directas a Ferran Adrià abrieron la guerra de la cocina española, ahora llega la segunda parte de este culebrón.
La semana pasada el cocinero,después de la publicación de la lista Restaurant de los mejores restaurantes del mundo, en la que Ferran Adrià se proclama líder, volvió al ataque en una entrevista para una revista francesa.
Al principio comentaba que respetaba a Adrià como cocinero, pero poco después atacaba diciendo que “se ha convertido en el líder de una cierta cocina moderna que influye en las jóvenes generaciones. El camino que él ha elegido implica consecuencias muy penosas, pues si se remplazan los productos naturales por los industriales se cambian todos los parámetros de nuestra gastronomía”.
Aprovecha la entrevista para alabar a los cocineros galos, y de nuevo otro ataque muy sutil “una cocina a la vez moderna y provocativa pero sin entrar por un instante en la dinámica química”.
Y de paso, comenta que busca editor para su libro en el país galo. Mucha casualidad que inicie otra polémica, cuando busca lanzar su libro traducido a otro idioma.
Vía | El País
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Que cansino es este hombre, en vez de dedicarse a cocinar se dedica a criticar, debería dejar los fogones y meterse de tertuliano en cualquier programa del corazón, seguro que le iba mejor....
La salsita con sabor a envidia que desprende su guiso tiene un sabor amargo.
cierto...
Permitidme la expresión, pero el Sr. Santamaría, no entiende, que en la vida ,cada uno se traza su camino, y mientras Adriá se embellece entre laureles y nuevos proyectos, a "Mister Papagayo" le sobra envidia. Resulta que ahora un cocinero reconocido , no solo es cocinero, si no que también es crítico y no con buenas intenciones, ya que pretende disimular su silencio, mediante un libro escrito en francés.
Es una pena que este embrollo, se parezca tanto a la política actual, y se aleje tanto de la eséncia básica y principal del mundo de la gastronomía, la de buscar nuevas formas de combinación con nuevos ingredientes, para aportar a la humanidad, nuevos alimentos, con nuevos sabores.
A mi opinión, mientras sea cocinero que aporte nuevas y mejores ideas, por mi parte , recibirá mi respeto y admiración, por no "distraerse en el camino" y dedicarse a emprender algo nuevo , para todos, pero si se dedica a escribir libros en contra de Adriá u otro cocinero, por mi , se puede ir a tomar viento, por que ese tipo de gente no la soporto.
con el permiso de todos pero apoyo al señor santamaria....en el futuro se vera lo cierto de sus pelabras! lo que consumimos es el reflejo de lo que somos y seremos ! asi que considero a este señor un valiente en este gran teatro. muchos han callado pero era la hora de sacar la cara y opinar.
ikoa, con todos mis respetos hacia tu opinión, una cosa es no estar a favor de una forma de vida y otra es vender libros a costa de una crítica incesante a aquellos que no piensan como él.
Es muy fácil ser conocido por criticar para sacar tajada, crear polémica y estar en el ojo del huracán. Pero esta fama es efímera y no merece, en mi opinión, respeto alguno.
Debió tragarse sus palabras en el caso del "The Fat Duck" cuando rápidamente vio la ocasión de criticar nuevamente, sin esperar ni siquiera a los exámenes médicos.
Hay que dejar de ver la paja en el ojo ajeno y dedicarse a prosperar por sus méritos, no a costa de destruir al que ya se ha labrado su camino.
De toda crítica (mejor si es pronunciada de forma urbana) hay que averiguar si lleva algo de verdad. Santamaría no es el único esceptico sobre el trabajo de Adriá, sino uno del más famosos y con suficientes conocimientos. Ésto tendrá poco que ver con la diatriba, pero la comunicación siempre ha influido mucho (con aciertos y errores) en las cuestiones gastronómicas, alimentando muy a menudo una conciencia "popular". En el caso de Adriá como en todo caso parecido a éste (me refiero a la litaratura, a la música, al cine) los sentidos captan algo que no va: la adhesión casi "unanime", incondicional. Un saludo, Daniele